Debì ser tuya.
Debì decirte que despuès de mì
no hay ni habrà nada -aunque mintiese-.
Debì ser tuya y convencerte,
retarte al todo o nada y agotarte.
Debì ser otra...
una peor, una menguada,
una insufrible egoìsta,
para que por lo menos hoy,
no habitàramos el mundo de los niños muertos.
Para por lo menos saber hoy,
que no estàs porque no me amas.
Debì ser màs bàsica.
Debì decirte que te quedaras
cuando te tragaba el frìo cristal
y nos contenìa una làgrima.
Debì ser tuya y obligarte
a confiar en mis certezas
y enredarte en la red de la patria,
e impetrar por los niños soñadores que hemos sido.
Debì ser tuya
y hablarte de un presente
-sin pasado y sin futuro-
que me halle contenida.
Inmóvil, interminable, perpetua.
En cambio, hay algo que nunca me perdonarè:
que he hecho de tu presente
una experiencia vivible lejos de mì.
No conmigo.
Nunca nuestra.

