" Una virtud hay que quiero mucho, una sola.
Se llama obstinación.
Todas las demás, sobre las que leemos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan.
En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre.
Virtud es: obediencia.
La cuestión es a quién se obedece.
La obstinación también es obediencia.
Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por los hombres.
Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes.
El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al "propio sentido". "
-Hermann Hesse-

