Ya ni sé por qué llore pero lo hice.
Lo siento en mis ojos
y carezco del recuerdo.
Siento el cansancio en las pupilas,
una punzada en el corazón
como una saeta en la oquedad
de esta ignominia…
Será porque escuché sonar:
“…En estos tiempos de oquedad,
de oscuridad iluminada,
de distracción a perpetuidad,
de imbecilidad tan programada….”
Sé que no fuiste vos, pero tampoco
sé si yo…
será que siempre habrá que encontrar un culpable...
Este es un recinto oscuro de recuerdos,
sordos susurros del pasado que no evoco.
Lo siento: es como que ya no puede doler nada.
Después de tanta mentira almidonada.
Después de morir y renacer tantas veces.
Vive en el mundo como si no te hubiese lastimado,
que a veces es tan falso lo verdadero,
que a veces terminamos siendo
sólo una multitud de retratos severos.
Ríe.
Que me río, “pobres nosotros sin nosotros mismos”.
Que me río, “pobres nosotros sin nosotros mismos”.

